Vivimos una distopía a nivel mundial que ha provocado una serie de anomalías informativas y de opinión pública que ya están pasando factura. Diversas teorías conspiratorias, en gran medida relacionadas con la pandemia, están entroncando de lleno con un marcado conservadurismo, neofascismo o extrema derecha: lo podemos ver con Donald Trump, Bolsonaro o presidentes de países europeos como Polonia o Hungría.

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A raíz de la pandemia, muchos ciudadanos de todo el mundo han intentado dar respuesta a lo que está pasando y clarificar si la COVID-19 es o no creada por el ser humano, qué países han sido los responsables, si es más o menos cierta la peligrosidad del virus, etc.

Internet está a disposición de la casi totalidad de la población y por ende, ésta ha intentado informarse de estos temas tan cruciales. El problema viene con la infoxicación (desinformación creada ante la avalancha de tanta información) y la falta de criterio y buen hacer a la hora de informarse.

Por poner un ejemplo, en España, durante el confinamiento, pudimos observar una ola de vídeos, artículos, libros e información de todo tipo que intentaban aportar luz sobre lo que estaba pasando: desde YouTube hasta el último periódico digital hablaba de lo mismo: la COVID19.

Hay que tener en cuenta el momento tan atípico que estábamos viviendo, por lo que es de lógica que la gente intentase buscar respuestas. Empezaron a llegar a nuestros móviles cadenas de supuestos científicos, médicos, autoridades, artículos conspiranoicos y demás piezas que aparentaban informar pero que realmente solo lograban añadir más incertidumbre, miedo y desinformación a la población.

Fue por esa fecha cuando muchos descubrimos una organización que nos sonaba el nombre pero apenas sabíamos sobre ella: QAnon, la corriente de el Gran Despertar. Esta organización asegura que una gran parte de la élite mundial está involucrada en casos de pedofilia (actores de Hollywood, la cúpula del partido demócrata de EE.UU., judíos archiricos como George Soros, etc) y que ellos se tapan unos a los otros (Caso Pizzagate: ¿Quién no va a sucumbir a esta corriente ante tal depravación desmedida?). Además, argumentan que »los globalistas» quieren dar un golpe de estado a nivel mundial y prohibir las religiones de todo el mundo en favor de un mundo meramente científico, entre otras medidas, Estado Profundo le llaman.

Por otra parte, han asegurado que Donald Trump venía a salvarnos a nivel mundial de esta desdicha a la que estamos abocados porque él ha sido el elegido por unas fuerzas extraterrestres para mejorar nuestro mundo ante la imposibilidad humana de sanarnos por nosotros mismos. Es decir, que unos entes de paz no humanos han delegado en Trump su misión para salvar el mundo.

Debo reconocer que al principio de ver sus vídeos y teorías, todo cuadraba bastante, hasta que analizando sus discursos, me dí cuenta que precisamente todos los »malos» para ellos eran justamente los más progresistas y, por el contrario, los »buenos» todos conservadores. Se trataba de la famosa »dictadura progre» tan typical spanish, pero a nivel mundial. A esta conclusión es fácil llegar cuando se escucha a los supuestos expertos en geopolítica de esta corriente decir que el feminismo viene para dividirnos, que George Soros ha financiado ONGs para »invadir» y fragmentar Europa y que estamos destinados a un mundo perverso y sin moral puesto que »ya hasta se acepta que dos hombres o dos mujeres formen un hogar». Daniel Stulin, es uno de estos expertos en geopolítica que, dando multitud de datos bastante objetivos y acertados, de repente, introduce entre sus datos rigurosos una de estas afirmaciones.

Pero no hace falta irse al extranjero para encontrar a supuestos expertos en geopolítica conspiranoicos que indirectamente apoyan un conservadurismo extremo o extrema derecha. En España, tenemos a Cristina Jiménez Martín, doctora en comunicación por la Universidad de Sevilla y autora de varios libros sobre el Club Bilderberg y la pandemia.

En su libro ‘La verdad de la pandemia’ debo reconocer que me pareció excelente la primera mitad del libro, en la que resume magistralmente las principales teorías de la comunicación. Fue como volver a la facultad y dar un repaso reflexivo sobre cómo los medios han ido manipulando la opinión pública a través de la historia en beneficio de ciertos poderes ocultos ( en su mayoría, los integrantes del Club Bilderberg). Hasta ahí todo bien. Lo que me empezó a »chirriar» es cuando veo que sus fuentes son artículos de periódicos digitales de dudoso rigor periodístico (Okdiario, libertaddigital…) y una marcada ideología de extrema derecha.

Al principio, pensé en hacer caso a Enrique de Vicente: «abre tu mente, no hagas juicios prematuros», no le di más importancia y continué con la lectura. Pero luego me encontré con afirmaciones sin base científica alguna como que las mascarillas son poco más que bozales que no sirven para nada, tan sólo para callarnos; que este virus ha sido lanzado intencionadamente para comenzar un nuevo orden mundial controlado por la progresía mundial; que nada tiene de malo manifestarse con la bandera de tu país (referido a la manifestaciones organizadas por Vox en plena desescalada), que el cambio climático no existe, que es una excusa para controlarnos; que la OMS, poco más es una filial de Bill Gates y China para controlar el mundo; que la ONU pretende eliminar todas las naciones para hacer un régimen planetario: la famosa »Plandemia». Y muchas afirmaciones más, con fuentes no muy sólidas.

Y yo me pregunto: ¿Qué sentido tiene que las mascarillas hagan de bozal? ¿Acaso nos han suprimido la libertad de expresión? ¿Nos han cortado el internet para que no podamos comunicarnos? Es verdad que a nadie nos gusta usarlas y que resultan muy incómodas, pero de ahí a decir que no nos sirven de nada, va un trecho.

Respecto a la ONU, hay afirmaciones que son totalmente ciertas. Es cierto que Bill Gates ha financiado la OMS y que se presenta como un cordero degollado que solo pretende ayudar a la humanidad. Pero esto es más un problema de falta de eficacia sistemático de la ONU desde que nació. Ningún país cumple con ella y los cinco países que tienen derecho a veto (Estados Unidos, China, Reino Unido, Rusia, Francia) son los que la controlan y poco más se la toman a pitorreo cada vez que no le interesa lo que en ella se aprueba.

Si la ONU ( y por ende, su filial sanitaria, la OMS) de verdad funcionara no creo que hubiésemos llegado a tener esta pandemia. Está más que claro que hay intereses económicos detrás y que esto no beneficia más que a unos pocos que mueven los hilos. Pero ¿Qué sentido tiene volver a los nacionalismos que provocaron la Segunda Guerra Mundial? La ONU nació justamente por los estropicios de esta guerra. Parece que estamos abocados a repetir los mismos errores una y otra vez.

Pero no todo es conspiración, por suerte, hay autores que me han aportado esperanza, a pesar de que los datos que arrojan no sean muy alentadores, para creer de nuevo en el rigor informativo. Estoy hablando de Pedro Baños y su último libro ‘El dominio mental’, en el cual muestra como los medios de comunicación, los gobiernos y los poderes económicos nos manipulan a su antojo. Os lo recomiendo. Muy interesante, didáctico y esclarecedor.

Volviendo al tema de los conspiranoicos y sus relaciones con la extrema derecha mundial y, para terminar, decir que estamos asistiendo, desde hace más de una década, a un auge de la extrema derecha y que la pandemia les ha venido como anillo al dedo para aunar teorías conspiratorias con su ideología aprovechando el desencanto de la gente. Si os paráis a pensar, lo mismo que ocurrió en la Alemania de Weimar, donde el país se encontraba bajísimo de moral después de todas las sanciones que le impusieron tras la Primera Guerra Mundial. Buscaron un chivo expiatorio (los judíos) y lo responsabilizaron de todos los males del país.

Es lo mismo pero mucho peor y a nivel mundial. Si Hitler provocó una guerra mundial con 45 millones de muertos: ¿Que podemos esperar de este auge de la extrema derecha por todo el mundo? La gran mayoría de la población apenas le da importancia, lo que me preocupa aún más. A otros parece que les gustaría más una instauración de una dictadura al más puro estilo de ‘El cuento de la criada’ mientras esperan a que vengan a salvarnos del mal los extraterrestres.

Nos encontramos, ideológicamente hablando, igual o peor que hace cien años pero además con armas de destrucción masiva en nuestros bolsillos.

Publicado por JORDIE

Cocinero y comunicador audiovisual, amante del arte, del buen comer, la nutrición, la historia y geopolítica internacional, el medioambiente y alguna cosa más...

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