Cuando pensábamos que lo habíamos visto todo, que poco o nada podría acontecer peor que un confinamiento domiciliario, graves desastres naturales o la posibilidad de no volver a un mundo tal y como lo conocíamos antes de la pandemia, llega el tema que más preocupa: el gran apagón
Son muchas las incógnitas y demasiados los miedos que está generando para algunos ciudadanos. ¿Qué hay de justificado en ello?
Como en cualquier otro tema, existe una gran disparidad de opiniones: desde fuentes gubernamentales españolas afirman que no hay nada que temer, puesto que España «ha hecho los deberes» ( en lo referido a diversidad energética: eólica, nuclear, hidráulica…) y no tenemos la misma dependencia que otros países incluso mucho más desarrollados como puede ser el caso de Austria o Alemania (más centrados en la generación de energía hidráulica); por el contrario, expertos en energía y en geopolítica, no descartan un gran apagón de días o semanas, pueda ocurrir en menos de cinco años. Asimismo, como ya se ha hablado en otros momentos, la posibilidad de una tormenta solar podría afectar a la red eléctrica y a todo aparato electrónico en cualquier momento.
El general del Ejército español y experto en geopolítica, Pedro Baños, afirmaba esta misma semana en RNE que países como Alemania están enseñando a sus ciudadanos cómo sobrellevar un posible apagón: «No debaten si ocurrirá o no, sino qué hacer ante el apagón que vendrá en algún momento».
Existe una posibilidad real de que ocurra, pero no se puede precisar ni la intensidad, ni la magnitud del apagón. Como en la crisis financiera del 2008, en la que no se supo la gravedad hasta años posteriores. Y la última y gran crisis generada por la pandemia del COVID-19, en la que seguimos inmersos aún y por la cual, este tema del apagón está causando más controversia gracias en gran parte al shock que ha sufrido y aún sufre la población debido a las restricciones de movimiento sociales, el empeoramiento de la economía, las condiciones laborales y otros aspectos que han alterado la vida cotidiana.
Está claro que algo importante e impactante puede que ocurra en los próximos años analizando la escasez energética y de suministros que estamos viviendo ahora. Desde China están aplicando medidas proteccionistas con ciertos recursos energéticos y tecnológicos que están afectando al resto del mundo, lo que a su vez genera una subida generalizada del transporte de mercancías y, por ende, subida de todos los productos en general.
Si a eso le sumamos una serie de conflictos diplomáticos y económicos entre países y el parón por las restricciones de la COVID-19 en la industria, tenemos la tormenta perfecta para un gran cataclismo que podría ir desde la caída generalizada de Internet hasta una caída del sistema eléctrico o falta de ciertos suministros básicos.
Y es que, a parte de comprar alimentos no perecederos y asegurarnos poder cocinar o poder calentarnos de forma variada, analógica y sin electricidad o gas, el método más eficaz para combatir el miedo producido por
lo que se dice desde los medios de comunicación de masas es tomarse la información con reposo, reflexión y tranquilidad. Aprender y reflexionar con qué intención se está dando cierta información, consultar diversas fuentes, no dar por cierta una única visión de un asunto o valorar la autoridad o credibilidad de las fuentes, son técnicas que nos ayudan a tener una visión menos simplista de la actualidad y la posibilidad de crear una conciencia crítica y cultivada sobre el mundo que nos rodea.